ELTIEMPO.COM- LECTURAS DOMINICALES/ 17 Feb/2002


Confrontación norte-sur en Nueva York y Porto Alegre
 
Dos concepciones antagónigas sobre la globalización y la economía mundial se explicaron simultáneamente en dos, el de los adelantados en Nueva York, antes realizado en Davos (Suiza); y el del atraso, en Porto Alegre, Brasil. Los comentan Santiago Montenegro, y la economista brasileña Maria de Conceicao Tavares e Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique.

El sur deja de llorar

El debate sobre globalización en buen cauce.

Por SANTIAGO MONTENEGRO

Gran resonancia mundial han tenido las dos recientes grandes reuniones sobre la globalización. Mientras la reunión del Foro Económico Mundial, que usualmente se realiza en Davos, Suiza, tuvo esta vez lugar en Nueva York, en solidaridad con el pueblo norteamericano por el 11 de septiembre, en Porto Alegre se reunieron muchos críticos de la globalización y el llamado neoliberalismo. En lugar de gastar recursos y esfuerzos en organizar movilizaciones masivas en las afueras del Waldorf Astoria, donde se reunió el Foro Económico Mundial, como rutinariamente sucede con muchas reuniones internacionales, como las del FMI y el Banco Mundial -y que terminan usualmente en violencia- los organizadores de Porto Alegre decidieron reunirse aparte, en el sur, y discutir bajo el lema: "Otro mundo es posible."

Este desarrollo debe ser bienvenido por todos los que creemos que, bien asimilada, la globalización traerá más beneficios que costos a un país como el nuestro. La reunión de Porto Alegre es muy importante porque comienza a señalar que la izquierda cavernícola y totalitaria parece perder el dominio del discurso antiglobalizador, espacio que comienza a ser tomado por una izquierda más inteligente, creativa y realista. El nuevo movimiento, si bien critica la globalización, ve en este proceso una oportunidad para actuar por la vía positiva, con el objetivo de controlarla y, si es posible, regularla. Después del desierto que significó el derrumbe del llamado socialismo real, se comienza a percibir los gérmenes de una nueva izquierda que se cree con derecho y con la capacidad de presentar una visión alternativa de alcance global, universal.

Comienza a superar, así, el desesperante discurso postmodernista que giró durante mucho tiempo casi exclusivamente alrededor de la reivindicación de minorías sexuales, regionales, étnicas, laborales, generacionales, y de tantas otras cosas terminadas en ‘ales.’ Sin abandonar, por supuesto, estas legítimas protestas, Porto Alegre habla sin complejos de la globalización no sólo para los empresarios, de cómo extender la democracia más allá de los Estados nacionales, de la democratización de los medios de comunicación. Porto Alegre ha dejado de llorar y ha vuelto a soñar. Y, para ello, el movimiento antiglobalización -que, como se ve, ya no es tan antiglobalizador- no tiene empachos en utilizar todos los instrumentos y mecanismos creados por la globalización para difundir su mensaje.

Pero si el Sur ha cambiado, también lo ha hecho el Norte. En el foro de Davos (Nueva York), al tiempo que se ha hablado de cómo restaurar el crecimiento y de los índices de competitividad de los países, se habló quizá aún más de cómo eliminar las desigualdades y eliminar la pobreza. En el Norte hay conciencia y mucha preocupación porque la globalización de la economía ha avanzado más rápidamente que la globalización de la política, de las reinvindicaciones sociales, la globalización de los ciudadanos.

Estamos, así, a las puertas de un consenso que de ninguna manera tiene que ver con la insensatez de la idea del ‘fin de las ideologías.’ La discusión comienza a desplazarse del plano globalización versus antiglobalización, a tratar de responder a la pregunta ¿qué tipo de globalización queremos? La verdadera y buena discusión sobre la globalización está a punto de comenzar.

Por SANTIAGO MONTENEGRO


'Más países sufrirán como Argentina'

María de Conceicao Tavares habló con JOSÉ VALES.

A María de Conceicao Tavares se la respeta en Brasil y Sudamérica como destacada economista y férrea militante. A los 71 años dice haberlo visto "todo" y que no quiere irse de este mundo "sin ver los cambios por los que tanta gente luchó".

Autora de una veintena de libros, como ‘Capitalizacíón y desarrollo’, vaticinó cómo iban a terminar las economías latinoamericanas que aplicaran "como tabla de salvación el neoliberalismo". Esta ex diputada del Partido de los Trabajadores locuaz, vehemente y de un humor que elogian hasta los que la denostan, asegura que la primera batalla "ya se ganó. El pensamiento único está muerto".

En ‘Capitalización’ hablaba de la Pax estadounidense por el manejo de Reagan de la tasa de interés que le sirvió a E.U. para ganar mercados y para monopolizar el comercio internacional.

Cuestionaba ya lo que conocemos como Pensamiento Unico, ¿Qué siente al ver comprobada su tesis?

-Tristeza. Esa Pax de la que hablaba no se parece a la Pax británica, que al menos fue consultada, la americana no. Van a la guerra contra el ‘terrorismo’ y nadie se puede oponer.

Ni E.U. ni las corporaciones financieras quisieron ver lo que estaba pasando en el mundo:  con México, con los países  asiáticos, con Brasil y ahora con Argentina. La crisis que el neoliberalismo provocó en Argentina debería ser el límite pero, a pesar de cuestionamientos y de evidencias del desastre del pensamiento único, los neoliberales van a seguir adelante y habrá más países, sobre todo latinoamericanos que van a seguir el camino de Argentina.

¿Cuáles? El presidente Fox dijo que "México no era Argentina".

Por supuesto que no. México está al lado de E.U. y es invadido todos los días. Si una verdad dijo Porfirio Díaz fue que

México "estaba tan lejos de Dios, y tan cerca de E.U." La situación mexicana es diferente porque hay dólares, el sistema bancario existe y hay buenos niveles de comercio internacional. En Argentina, en cambio no quedó nada. Vivieron de la ilusión de que tenían dólares como en la primera mitad del siglo creyeron en el patrón Oro-libra. Los argentinos son fanáticos del pensamiento mágico.

Primero le creyeron a Cavallo que iban a vivir en dólares toda la vida y luego, cuando el país estaba destruido y sin reservas, la misma clase media que votó a De la Rúa, creyó que Cavallo les iba a asegurar los dólares. Los bancos mexicanos están a un paso de Texas y de los dólares. Argentina está al costado de los reales y de los pesos uruguayos. Esa, mi querido hijo es una diferencia.

Dice que los presidentes que aplicaron programas neoliberales como Salinas, Menem y Fujimori, están acusados de corruptos. ¿En esa bolsa no meten a Fernando Cardoso?

Cardoso a nosotros no nos engaña más.

Aplicó el mismo programa, con privatizaciones que no estuvieron alejadas del escándalo, pagando el voto en la Constituyente para su reelección. No hay pruebas de que se haya corrompido pero sí algunos de su gobierno. El proyecto era el mismo.

¿Qué sintió cuando una vez en el poder dijo "olvídense de todo lo que escribí? Es una defección intelectual. Lo que hay que cuestionarle a Fernando Henrique es su autoridad moral. Está incapacitado para sostener lo que promete. A diferencia de Menem decora con un discurso progresista su política pero termina haciendo lo mismo. Desde joven, y ‘la Teoría de la Dependencia’ (que desarrolló con Faleto) es eso: A la larga siempre habrá una mezcla con el poder.

La lógica de Cardoso es la de "si no puedes contra el enemigo, únete a él". El se une sin dar la pelea.

No cree que el modelo en Brasil, Perú y Argentina no sólo se aplicó con altos niveles de corrupción sino con violación de las constituciones.

El modelo neoliberal destruye las democracias hasta convertirlas en neodictaduras. En Brasil a los dictadores había que elegirlos por el Congreso. Eso era una locura pero no hay mucha diferencia con lo que pasó en la región.

Por eso en este Foro, en un lugar periférico, al lado de "la última víctima del modelo" como Argentina, que se esté cuestionando el pensamiento único y discutiendo sobre democracia participativa, me parece increíble.

Creí que nunca lo iba a ver.

¿Qué rescata de este Foro?  La participación de la juventud. No veo tantos jóvenes participando de un debate desde la Guerra Civil española. Los jóvenes se dieron cuenta de que el imperio está podrido y que heredan un mundo hecho un desastre y vieron que de ellos dependía el cambio. Eso me entusiasma.

¿Cree que Argentina tiene salida desde el punto de vista económico?

Con las medidas que están adoptando, difícil. Ya no hay banco central, hay una gran fricción entre clases y no existe clase política.

No creo que los países quiebren ni que las sociedades quieran suicidarse. Hay que reemplazar a la clase política y crear instituciones nuevas. Creyeron que eran los señoritos europeos y ahora entraron a América Latina. Bienvenidos. Lo que duele es ver cómo un país que tenía educación de base, con un estado de bienestar y estable socialmente se destruyó. Les recomiendo que terminen con la histeria porque pueden terminar en el fascismo. La miseria es temporal, no es como en Brasil permanente. Van a padecer, pero sólo si toman conciencia de que fueron destruidos podrán construir una nueva realidad. De lo contrario hay que encomendarse a Dios.


Entrevista con Ignacio Ramonet

El director de Le monde Diplomatique habló con José Vales.

Todavía se escuchaba el estruendo de la caída del muro de Berlín cuando Ignacio Ramonet, comenzaba a cuestionar la unipolaridad y su receta económica, el neoliberalismo.

Desde cuando comenzó la crítica al modelo neoliberal, hasta aquí -en Porto Alegre-, ¿Cómo fue el desarrollo de este frente alternativo?

-Por esos años comenzamos a reflexionar sobre qué era la globalización. El fin de la URSS fue un avance democrático y obligó a una transformación del pensamiento crítico, donde protestar era impensado. Algunos grupos comenzamos a reflexionar qué estaba pasando.

Fue una primera fase. La segunda comenzó con las protestas del 95 hasta la manifestación de Seattle. A partir de ahí se encadenaron protestas que no paran. Porto Alegre es una tercera fase para comenzar a formar propuestas. El movimiento no puede ser sólo un de intelectuales.

En el apogeo del neoliberalismo comenzó el crack. México cayó en crisis y las huelgas en Francia mostraron las primeras fisuras.

-Ya en esa época teníamos definidos los principales puntos del modelo, del pensamiento único, la dinámica de la mundialización con los flujos financieros. Ahí ya se supo contra qué embestir. La primera protesta fue la del subcomandante Marcos, aunque un poco aislada y aunque creen que es una cuestión indígena pero se equivocan. Después, en 1995 los ferroviarios franceses movilizaron a todo el país y crearon una conciencia importante y se sumó uno de los más destacados intelectuales franceses, el filósofo Pierre Bourdieu, que movilizó a intelectuales en E.U., se redinamizaron la protestas y el debate en América Latina.

Aquí convergen varias vertientes, ¿Cree que surgirá alternativa seria al pensamiento único?

-No se puede pretender que ante un pensamiento único surja otro único. A un dogmatismo no podemos oponerle otro. Lo que surge claramente aquí es un pensamiento crítico en forma de estrella y no de obús, muy plural, a veces contradictorio, muy diverso como lo son las sociedades. No creo que el objetivo sea desatar un catálogo. Lo importante es que se expresan los sin voz y esta convocatoria con el impacto mediático muestra que la gente de aquí está siendo oída. Aquí están surgiendo revindicaciones, mucha gente se impregna de ideas y van coincidiendo en medidas concretas.

La debacle Argentina aparece cómo el último fracaso del neoliberalismo. ¿Seguirán cayendo países en quiebra?

-El último fracaso es ese, aunque hay que tomar en cuenta lo de Enron. Si hubo un país que siguió las doctrinas del FMI y las consignas neoliberales fue Argentina y sus políticos. Eso debería llevar a las instituciones y a los "amos del mundo", a repensar políticas de estas instituciones aunque creo que no será el caso.

¿Es el final del neoliberalismo?

-Estamos en el final de la fase dogmática del neoliberalismo. Hay varios que han dicho que si se sigue así vamos hacia un desastre, hacía una catástrofe y se llegará a una sublevación violenta gigantesca y un aumento del terrorismo a escala planetaria importante. Salir del dogma no significará salir del neoliberalismo porque todavía no hay una teoría alternativa.

-¿Por qué cree que el Norte niega sus fracasos?

-Es como una secta satánica que se aferra a un dogma y evidentemente si ese dogma desaparece tiene  que desaparecer la secta. Y no están dispuestos a suicidarse.